Estudiante tratado como cliente cautivo, no como sujeto que se autogobierna
ILUSIÓN P6-E3
Andragogía
Hábito validado por el sistema
En muchos modelos institucionales, el estudiante es tratado como cliente cautivo del dispositivo: una vez que ingresa y se matricula, se supone que seguirá el recorrido tal como fue diseñado, ajustándose a las reglas, ritmos y formatos definidos por la institución.
Las decisiones estructurales (secuencias, cargas, modalidades, evaluaciones) se toman bajo el supuesto de que el estudiante permanecerá en el sistema y lo atravesará según lo previsto, con márgenes limitados de elección y de incidencia real sobre el modelo.
Mientras pague, asista, cumpla y no abandone masivamente, se considera que el vínculo está “asegurado”, y la institución se organiza como si tuviera garantizada su presencia y dependencia.
En la práctica, el estudiante tiene poco espacio para ejercer autogobierno: sus posibilidades de decidir sobre trayectorias, negociar condiciones, proponer cambios o salir y reingresar en términos que respeten sus proyectos son reducidas.
El sistema se concibe más como estructura a la que el estudiante debe adaptarse que como entorno que reconoce su capacidad de elegir, reconfigurar y, llegado el caso, irse si el modelo no responde a sus necesidades.
Por qué este hábito engaña
Retención ≠ agencia
Porque confunde retención lograda por falta de alternativas o por inercia con relación educativa basada en autogobierno y responsabilidad compartida.
Una institución puede sostener tasas aceptables de permanencia y titulación porque el estudiante percibe que necesita ese título, porque el costo de salida es alto o porque no ve opciones mejores, y no porque el modelo respete y potencie su capacidad de gobernar su propio proceso.
Planificar sobre dependencia
El hecho de que permanezca en el sistema no implica que lo haga desde la agencia, sino muchas veces desde la dependencia.
La ilusión funciona porque tratar al estudiante como cliente cautivo simplifica el diseño: se puede planificar suponiendo continuidad lineal, exigir cumplimiento sin mucha negociación y estructurar reglas que privilegian la estabilidad del dispositivo por sobre la autonomía del sujeto.
Conformismo y abandono de autogobierno
Si los indicadores de matrícula y retención son razonables, es tentador concluir que la relación funciona bien.
Pero uno de los objetivos centrales de la educación —especialmente en adultos— es fortalecer la capacidad de autogobierno: decidir, ajustar, combinar, abandonar y retomar procesos formativos en función de proyectos propios.
Este hábito invisibiliza costos: conformismo, baja participación crítica, poca apropiación del proceso, decisiones tomadas para “pasar el curso” más que para aprender y abandono silencioso de la agencia personal.
Qué deja de validarse en PIDOMAS
Dentro del eje Instituciones de PIDOMAS, dejan de considerarse evidencias suficientes de buena relación educativa:
- Indicadores de retención y titulación usados como prueba principal de que el modelo está alineado con los estudiantes, sin analizar cómo se vive la agencia y el autogobierno en ese proceso.
- Diseños curriculares y reglamentos que ofrecen al estudiante muy pocas opciones reales de trayecto, ritmo o combinación de experiencias, bajo el supuesto de que debe seguir el camino estándar.
- Prácticas que presuponen que el estudiante “permanecerá pase lo que pase” (sobrecargas sostenidas, formatos poco pertinentes) porque necesita el título o porque no tiene alternativas inmediatas.
También deja de validarse como criterio aceptable:
- Tratar la posibilidad de que el estudiante elija, cuestione, pause o cambie de recorrido como amenaza al modelo, en lugar de verla como expresión de su autogobierno.
- Diseñar mecanismos de permanencia que apelan principalmente al cierre de opciones (restricciones, sanciones, trabas de salida) en vez de a la relevancia y flexibilidad del proceso formativo.
La idea de que el estudiante es, de hecho, un cliente cautivo al que se puede organizar sin concederle autogobierno deja de ser aceptable dentro del eje Instituciones.
Qué se exige en su lugar
PIDOMAS exige que el estudiante sea reconocido como sujeto que se autogobierna, con capacidad de decisión real sobre su trayectoria formativa, dentro de marcos claros pero no paternalistas.
Eso implica:
- Diseñar sistemas que ofrezcan opciones estructuradas de recorrido (ritmos, énfasis, modos de cursado), de modo que el estudiante pueda elegir caminos alineados con sus proyectos, dentro de límites que cuidan la calidad.
- Incorporar dispositivos que hagan visible y trabajable la toma de decisiones: acompañamiento en la elección, reflexión sobre consecuencias, posibilidad de ajustes y reingresos regulados.
- Aceptar que parte del autogobierno incluye la posibilidad de salir, reducir carga, cambiar de programa o pausar, y diseñar estructuras que no castiguen de forma desproporcionada estas decisiones.
El estudiante deja de ser visto como alguien que “debe quedarse” y pasa a ser actor con capacidad de agencia reconocida.
El criterio se desplaza de “¿cómo aseguramos que no se vaya?” a “¿qué condiciones creamos para que pueda decidir permanecer, avanzar, ajustar o salir de manera responsable y en diálogo con el modelo?”.
- Las trayectorias estaban fuertemente predeterminadas, y cualquier desvío se vivía como problema: cambios de ritmo, pausas o reingresos se gestionaban como excepciones.
- La conversación con estudiantes se centraba en explicar reglas y consecuencias dentro de un marco donde su margen de decisión era mínimo, más allá del cumplimiento o el abandono.
Antes, el modelo asumía permanencia por diseño, no por elección.
- La institución diseña rutas posibles y transparentes, con diferentes combinaciones de tiempos, modalidades y énfasis, y acompaña a los estudiantes en la construcción de trayectorias que respetan sus proyectos y condiciones.
- Los procesos de tutoría y acompañamiento incluyen trabajo sobre decisiones: qué implica seguir, pausar, cambiar de foco, qué recursos hay para sostener el autogobierno sin perder la calidad del proceso.
Ahora, la arquitectura dialoga con agencia: no la neutraliza.
Función estructural de la ilusión
Esta ilusión le permite a la institución diseñar su modelo desde la premisa de estabilidad de la demanda: los estudiantes entran, se quedan y salen según el guion previsto, lo que simplifica la planificación y la gestión.
Mientras se crea que el estudiante es, de hecho, cautivo, la organización puede:
- tolerar estructuras poco flexibles, confiando en que la necesidad de certificación retendrá a los participantes;
- posponer ajustes que harían el modelo más compatible con proyectos y condiciones reales de los estudiantes, porque estos “no tienen más remedio” que adaptarse;
- mantener relaciones de poder asimétricas, donde la agencia del estudiante se minimiza en nombre de la “seriedad” del dispositivo.
En la práctica, la ilusión protege un sistema centrado en su propia continuidad, más que en el desarrollo de sujetos capaces de gobernar su trayectoria de aprendizaje a lo largo de la vida.
Mantiene intacta la ficción de que asegurar la permanencia en el modelo, aun sin autogobierno, es suficiente para cumplir la función educativa.
Cierre operativo
El estudiante está siendo tratado como cliente cautivo del sistema, no como sujeto que se autogobierna y con quien la institución debería construir una relación formativa basada en agencia y responsabilidad compartida.